• Joel Rodríguez

Sombras australes

Resulta interesante observar cómo, a raíz de la victoria del candidato presidencial Gabriel Boric en las elecciones realizadas hace unos días en la República de Chile, la opinión en redes sociales de los “influencers” y otros individuos de regular relevancia de la así llamada “derecha” peruana, sobre todo liberales y libertarios, han evidenciado una amplia gama de emociones que van, desde un desencanto evidente, tras ver desaparecer la posibilidad de que Chile empezara a revertir la tendencia de la política sudamericana a girar a la izquierda, y una marcada desesperación al ver que no queda ningún lugar a donde ir que sea de habla castellana, España incluida.





¿Pero que representa la elección de Boric para el Perú? Más allá de la evidente adición de una nación hispanoamericana a la esfera de influencia directa del Grupo de Puebla, implica un giro fundamental en los riesgos geopolíticos para los intereses nacionales en sur del continente, al estar por primera vez en la historia republicana sudamericana, los gobiernos de Chile y Bolivia alineados ideológicamente, lo que podría llevar a que se concrete el anhelo de acceso soberano al mar a través de territorio chileno, específicamente la añeja propuesta del corredor en la hoy región de Arica – Parinacota, la cual requeriría la aprobación peruana (por implicar esta solución la cesión de territorio otra nacional) con lo que se consolidarían las relaciones de ambos países, puesto que esto agregaría una variable más al problema del triangulo terrestre, derivado del fallo de La Haya que resolvió el diferendo marítimo existente hasta el año 2014, al restringir dicho la proyección boliviana sobre el océano Pacifico, al superponerse esta al dominio marítimo nacional.


Tema adicional a este resulta la intención del presidente electo Boric de adherir a Chile al acuerdo de Escazú, tratado que implica, además de la sesión de soberanía ante cualquier entidad supranacional (o incluso individuos) en cualquier lugar del orbe, sino que esto implicaría el reconocimiento al independentismo “mapuche”, fomentado por el Reino Unido (y dirigido desde el mismo) a quien conviene sobremanera la existencia de un estado bajo su influencia que le permita influir en la Patagonia Argentina y reforzar sus demandas sobre la Antártida, continente sobre el cual esta nación anglosajona tiene reclamos territoriales, basados en la proyección sobre el mismo desde las islas Malvinas (archipiélago sudamericano en disputa entre dicha nación y la República Argentina) cuyo estado colonial es reconocido por la ONU y se encuentra pendiente de resolución.


Por todo lo anterior, es menester para la Nación Peruana observar con cautela la frontera sur y procurar estar lista para defender sus intereses nacionales.

Recordemos 1879, mismos actores, mismo escenario…


Tengan todos un Prospero Año Nuevo.


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