• Andrés Armas Roldán

Siempre volvemos a Comala

Pedro Páramo (1955) es de esos textos que justifica la multiplicidad de lecturas e interpretaciones que se le promueven: la bifurcación dentro de la narración, el tiempo no lineal, los elementos discursivos que provienen de la oralidad, el lenguaje utilizado para representar la compleja realidad latinoamericana, etc. Estos elementos, de los tantos que hay dentro de la novela, validan el por qué Rulfo no volvió a publicar de nuevo —El gallo de oro (1980) nace en realidad como un guion cinematográfico—. Pues lo que representó El llano en llamas (1953) y Pedro Páramo bastó para hacerlo sobrevivir en el tiempo y dejar huella dentro de la literatura latinoamericana.



Al leer la novela el lector puede reconocer que se encuentra ante un texto único. Rulfo es un escritor hábil y discreto al momento de retratar las taras del pueblo latinoamericano, en este caso, del mexicano: la beatificación, la superstición en la religión, el caciquismo, el misticismo, etc. De ahí la genialidad de Rulfo por lograr una novela tan sólida. Una lectura no basta para lograr una interpretación compacta. El texto parece que, con cada lectura, desnuda sus secretos.


Al leer su primera y mítica frase: «Vine a Comála porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo», no puede pensar que es el protagonista, Juan Preciado, quien le habla al lector. Situándolo dentro de la narrativa y valiéndose de un elemento, claramente, oral. Pero, más adelante, el lector descubre que es un dialogo que tiene con Dorotea, pues los dos se encuentran muertos y enterrados en una tumba.

Otro de los elementos recurrentes dentro de las interpretaciones que se le puede dar a la novela es la del tiempo cíclico. Pongamos un ejemplo de uno de los monólogos de Juan Preciado: «Como si hubiera retrocedido el tiempo. Volví a ver la estrella junto a la luna. Las nubes deshaciéndose. Las parvadas de tordos. Y en seguida la tarde todavía llena de luz» Para Juan Preciado, que en algún momento llegó al pueblo en busca de su padre; los días parecen ser los mismos. Esta circularidad del tiempo se da dentro del misticismo que simbolizan los muertos. En nuestra cosmología latinoamericana, los muertos, que vagan sin descanso entre un mundo y el otro, no identifican el paso del tiempo, pues viven, aparentemente, en un eterno presente. Por otro lado, la novela también nos narra dos historias: la búsqueda del padre y el ascenso de Pedro Páramo al poder en Comala.


Estas dos historias se bifurcan dentro de la ficción. Y rebela al lector el verdadero protagonista: el pueblo. A pesar de que la novela lleve por nombre “Pedro Páramo”, es Comala, el espacio, el que moviliza a los personajes dentro de la ficción. Y, quieran o no, todos están vinculados directamente a esta. Pedro Páramo no participa, exclusivamente, en todos los escenarios donde se mueven los personajes. Pero si sucede esto con Comala. Pues aparece en toda la línea de tiempo que se deduce del texto: la niñez de Pedro Páramo y la muerte de Juan Preciado.


En conclusión, el texto supone muchos elementos discursivos y técnicos que hemos podido desarrollar brevemente. Es en esta multiplicidad de interpretaciones y lecturas donde se haya la complejidad de la novela y de la obra rulfiana en general. Y ya es tarea de sus lectores lograr mayores y mejores interpretaciones para desentrañar en lo más posible a la novela.

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