REFRESCAR O ESTANCAR: LA VITALIDAD DE LA COPA AMÉRICA

“La Copa América definirá el futuro incierto de la selección peruana, sí encontraremos una continuidad a este exitoso proceso o será el bache que se cargue al mejor técnico de nuestra historia”




Quiero empezar este artículo afirmando que no tengo nada en contra de Gareca, es más, lo he apoyado a lo largo de todo su proceso con la selección, ahora aún más que nunca. Sin embargo, no puedo hacerme de la vista gorda y negar algo que es inminente: la selección peruana necesita un recambio urgente. La obligación de evitar que este proceso cese recae – mayoritariamente – en Ricardo Gareca. Él y solo él puede elegir si refrescar el equipo con nuevas caras o estancarse en una “argolla”, y esta tendencia nos la mostrará la Copa América venidera.


El entrenador argentino asumió el mando de la selección peruana a comienzos del 2015 con la misión de encabezar una posible clasificación al mundial de Qatar 2022. Felizmente, el proceso estuvo tan encaminado que logró su objetivo con cuatro años de anticipación. De esta manera, el pueblo peruano pudo celebrar una clasificación a un mundial luego de 36 largos años. Pero, ¿cuál fue el punto de quiebre para que esa selección – que venía de quedar antepenúltima el proceso anterior – clasifique a un mundial pese a sumar solo 4 de las primeras 18 unidades? Pues, la clave fue la Copa América.


Como en algún momento me comentó Pablo Garabello – ex asistente técnico de José Néstor Pekerman en la selección colombiana – una Copas América sirve, fundamentalmente, para que los técnicos “experimenten”. Al tratarse de un torneo corto y continuo, los DT 's se dan la atribución de probar nuevos jugadores, sistemas y estrategias. Además, al tratarse de una convivencia diaria entre los seleccionados, se permite que nuevos jugadores se integren al grupo y al plantel. Esto fue justamente lo que pasó en la selección peruana.


La Copa América Centenario, disputada en Estados Unidos, fue la clave para que Gareca cambie el famoso 4-4-2 - que predominaba (por las individualidades) en la selección – por un 4-2-3-1 más esquematizado y trabajado. Además, fue el momento en que el argentino mandó un mensaje contundente y claro. Para el ‘tigre’ no importaba si jugabas en el extranjero o no, importaba tu entrega y rendimiento. Esa fue la clave para que salgan los Pizarro y entren los Flores. Esto, eventualmente dio frutos en el seleccionado, tanto en los resultados como en el ambiente. Pero, ¿Cuándo fue que Gareca renunció a su propio mensaje? Pues, diría que fue tras la Copa América de Brasil 2019.


Luego de la clasificación al mundial de Rusia 2018 y el segundo puesto al año siguiente en tierras brasileñas, la selección se estancó en un proceso con escasez de ideas y variantes. Se le criticó constantemente al entrenador por tener a sus “engreídos” y jugarlos pese a su mal momento. Y, si bien le dio resultados previamente, esto no siempre seguirá siendo así, y ahora estamos sufriendo las consecuencias de dicha decisión.


Durante dicho periodo de tiempo, el once titular de la selección peruana se sabía de memoria: Gallese; Advíncula, Ramos, Rodríguez, Trauco; Tapia, Yotún, Carrillo, Cueva, Flores; Guerrero. Eso está bien, es importante que el equipo tenga una base sólida y rodaje. Sin embargo, no está bien que no exista una competencia interna por el puesto. Los jugadores que venían detrás sabían que no importaba su momento actual o su desenvolvimiento individual porque al final de la hora jugaba el ‘titular’. Este aspecto, lamentablemente, afectó en supremacía al resto de jugadores y salvo una o dos excepciones, se armó una brecha enorme entre los ‘titulares’ y los ‘suplentes’.


Ahora, en estas clasificatorias al mundial de Qatar 2022, en el que supuestamente veríamos la mejor versión del Perú de Gareca, la ‘blanquirroja’ inició – nuevamente – con 4 puntos de los primeros 18 posibles. Entonces ¿Qué le pido a Gareca? Le pido que muera en la suya. No en sus jugadores, sino en su mensaje. Le pido que en esta Copa América vuelva a refrescar al equipo. Le pido que priorice el crecimiento individual por sobre todas las cosas, pues a mi modo de entender, el colectivo (en este caso puntual) será una consecuencia de lo primero. Le pido, más no exijo, que le entregue la confianza a los que llegan o los que ya la perdieron. Pues, si no es así, para mí, revertir esta situación será una utopía.


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