La Revolución rusa y el cambio de paradigma sobre el arte



La máquina propagandística rusa empezó a desarrollarse, con mayor profundidad, a partir del 8 de marzo de 1917, fecha en la que se celebraba el Día de la Mujer Trabajadora (no se consolidó oficialmente hasta que la feminista Alexandra Kollontai considerase fiesta oficial laborable en la Unión Soviética; en 1965 se declaró feriado) en donde miles de damas protestaron en las calles de Petrogrado para exigir comida para sus hijos y el regreso de sus esposos de las trincheras. Las protestas de las mujeres trabajadoras representaban una amenaza de nivel, a tal punto que, incluso las fuerzas de seguridad zaristas, que estaban acostumbradas a las brutales represiones, no se atrevieron a tomar medidas drásticas.


A raíz de todo lo acontecido, se diseñaron numerosos afiches para recordar el día del inicio de la revolución, hasta cuando se consumó en la Revolución de Octubre en 1917, cabe señalar, que las ideas de vanguardia fueron engendradas y activas en la Rusia zarista. El último suceso mencionado sirvió de guía para las propuestas de los artistas de vanguardia, cuyo estilo plasmado estéticamente fue el constructivismo como arte oficial.


Renombrados artistas como Marc Chagall, Kazimir Malévich, Aleksandr Ródchenko y Vasili Kandinski vivieron la revolución bolchevique de 1917, que acabó con tres siglos de dominio de los zares y transformó las bases de la sociedad rusa. En medio de los cambios que se avecinaban, los artistas de la revolución optaron por crear un arte que no fuera capitalista y burgués. La nueva Rusia debía crear un arte que debía ser entendido por las masas y que sirviera a las necesidades tanto del pueblo como de su régimen, lo que posteriormente se usaría como herramienta política.


Entre 1917 y 1932, el arte ruso se gestó entre diversos enfoques de las artes plásticas, del diseño gráfico, de la literatura y la fotografía, así como de la arquitectura. Se plasmaron estilos abstractos, un nuevo lenguaje plástico, figuras geométricas, con colores y composiciones dinámicas (suprematismo) y se rompieron esquemas de arte clásico, se promulgó el dinamismo, la fuerza interna de las industrias, la exaltación de la guerra, la modernidad, creando un arte totalmente nuevo (futurismo). Además, reflejaron la identidad rusa y el cambio social que demandaban los ciudadanos para la construcción de un nuevo país, utilizando figuras geométricas, basándose en la simplicidad —inspirados por el cubismo y el futurismo— caracterizados por el uso de colores puros (constructivismo).


Sin embargo, toda la era de optimismo se tornó efímera en 1932, cuando el régimen de Iósif Stalin promulgó el Decreto sobre la Reconstrucción de las Organizaciones Literarias y Artísticas del Comisariado de la Ilustración. En la praxis, suponía la disolución de todas las organizaciones y asociaciones nacidas en el apogeo de la revolución, estas debían ser sustituidas por organizaciones oficiales. Por consiguiente, significó un impacto total en el rubro artístico: se cerraron exposiciones, los artistas fueron detenidos y perseguidos, debido a que, todo el arte se canalizó en el rubro de la ideología y la propaganda.


Bajo esa lógica tan cegada de poder, Stalin ordenó aniquilar cualquier manifestación artística o creativa, argumentando que las vanguardias gestadas no debían producirse más. Cabe destacar, que la nefasta amenaza de cualquier grupo o individuo que se oponía provocó el arresto de un millón seiscientas mil personas y el asesinato de setecientas mil de ellas, entre mediados de 1937 y noviembre de 1938.


Lamentablemente, como la libertad creativa era controlada, se cancelaron el fomento de los objetivos transformadores, provocando la ruptura definitiva entre vanguardia y poder. Asimismo, el arte experimental que estaba gestándose en la “nueva Rusia” fue castigado incluso con violencia. Diversos artistas fueron deportados, llevados a gulags, exiliados o directamente autorizados por las autoridades para ejecutarlos, ya sea a los intelectuales o artistas más significativos.


Por un lado, estaban los que no deseaban sufrir tales violaciones, salvaguardar su vida y continuar trabajando en lo que les apasionaba, así que decidieron huir. Vasili Kandisnki se trasladó a Alemania. Mientras que, Chagall atemorizado por el incremento de la xenofobia antijudía, se tuvo que refugiar en París. En 1929, se expulsó a Malévich del Instituto Estatal para la Historia del Arte. Lamentablemente, en 1930, es detenido e interrogado en Leningrado bajo el Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos, por ser un supuesto espía polaco. A raíz de ello, lo amenazaron con ejecutarlo; sin embargo, para suerte de él solo pasó tres meses en prisión, siendo repudiado públicamente. Una muestra de ello, es la quema de sus manuscritos teóricos sobre el suprematismo (él fue fundador y considerado el “Padre” de aquel movimiento de vanguardia del siglo XX).


Por otro lado estaban los que se quedaron se dedicaron a lo que el régimen les imponía: un arte realista que glorificara exclusivamente al país y a su líder. No obstante, tampoco se salvaron como hubieran pensado. La “Generación de la Edad de Plata”, por ejemplo, fue una corriente literaria llamada “acmeísmo”, que surgió en oposición al simbolismo ruso). Fue conformada por, entre otros, Anna Ajmátova, que sufrió una profunda depresión, debido a que su primer esposo Nikolái Gumiliov, fue acusado de conspiración y lo asesinaron. Su hijo fue arrestado y deportado a los campos de Siberia. Tristemente, su segundo marido, Nikolay Punin, fue perseguido y falleció en un campo de concentración. Otro artista coetáneo, Borís Pasternak, era un novelista acusado de capitalista, por preocuparse más del bienestar individual que del social y ser antimarxista por su obra Doctor Zhivago. Nikita Jruschov, Primer Secretario del Partido Comunista de la Unión Soviética, le engendró graves problemas. Borís fue expulsado en 1956 de la Unión de Escritores Soviéticos. Asimismo, en 1958, la Academia sueca le otorgó el Nobel de Literatura, pero tuvo que rechazarlo por el régimen. No se publicó su libro en la Unión Soviética hasta el año 1988, por la perestroika de Gorbachev.


Como se aprecia en líneas anteriores, los que iban en contra del régimen fueron asesinados o deportados cuando ya no servían para los fines de la dictadura socialista. Asimismo, por medidas de Stalin se fusiló a cartelistas estalinistas que le fueron fieles hasta morir (Gustav Klutsis), cineastas acusados de ser desleales por “sabotear” la industria cinematográfica (Borís Shumyatsky, muchos de sus datos fueron eliminados por el Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos, anterior a la KGB) o periodistas acusados de anti-sovietismo (Mijaíl Koltsov). Un dato alarmante fue que, de los seiscientos asistentes al congreso de escritores en Moscú en 1934, unos años después doscientos habían sido fusilados.


Finalmente, otro grupo llamado “Los Ingenieros del Alma”, padecieron las consecuencias de la sociedad del terror. El denominado realismo socialista, que se convirtió en política oficial del Estado, reflejó la vida industrial de la URSS. Tuvo como protagonistas a obreros y campesinos, generó el regreso a los cánones del siglo XIX en base de la propaganda y el arte iconográfico. Se plasmó la felicidad del proletariado y el orgullo nacional de la transformación social. Sin embargo, el avance de la propaganda feminista que tuvo hasta la Revolución bolchevique de 1917 desapareció, se regresó el rol de la fémina en ser ama de casa para cuidar a la URSS del enemigo, mientras los soldados estaban lejos del hogar. Como todos los creadores del arte, vivieron amenazados por la sanguinaria represión a raíz de cualquier manifestación que pusiera en duda el mensaje socialista que se debía evocar.


Un suceso marcaría el sino de Rusia en las artes. El 5 de mayo de 1953, falleció Stalin y se intentó generar el desarrollo artístico nuevamente. Una esperanza se plasmó. Sin embargo, solo fue tenue. Las vanguardias que estaban por abrir capullo y los artistas apasionados antes del radical cambio solo quedaron en intentos de una trémula transformación.


En homenaje a todos los artistas soviéticos que adolecieron años de insondable pavor. Plausible y admirable el fervor artístico y cultural, que realizaron en aras de construir un nuevo paradigma en el arte moderno ruso.


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