• Solange García

La pobreza, como una excusa, es un acto de cortedad

Tenemos que dejar de romantizar a la pobreza, quitar de una vez esa aceptación social al decir: “no tiene los recursos, por eso no estudia, por eso es informal, por eso vive así”. Ser pobre no te da un permiso especial para desaprovechar las oportunidades o lamentarte toda la vida por cosas que sí puedes controlar. Ser perseverante, responsable y proactivo te va a abrir grandes puertas donde sea que te encuentres. Claro, tampoco vamos a tapar el sol con un dedo y decir que no hay ciertos privilegios para ciertas personas, pero ¿ya vieron la cantidad de cursos gratis que muy bien podrían mejorar el cv de cualquiera y que, en la mayoría de los casos, los ofrece el estado?


Cursos que van desde idiomas hasta informática y que a veces tienen que cerrarse por falta de estudiantes, curioso, ¿no?. Tanta gente quejándose que el estado no hace nada, que la educación es mediocre, que no cumple con las expectativas de muchos peruanos, que la culpa siempre lo va a tener el presidente de turno o el Congreso mediocre que solemos escoger, mientras que en el otro lado de la página está ese servidor público con peluca y maquillaje blanco como un mimo tratando de aperturar un taller.


Las oportunidades están ahí y puede que la falta de difusión sea un problema, pero ¿Qué hacemos nosotros por encontrarlas?. ¿Quieres estudiar en una buena universidad, pero no tienes suficiente dinero? Trabaja y gánate esa beca que te va a permitir lograrlo.


Otro punto que también es muy incómodo de aceptar es el hecho de que permitimos muchas cosas con esa excusa y es que hay una fuerte conexión y apoyo a las malas costumbres del pobre. Ese abucheo que veo diariamente a la grua que se lleva a los autos mal estacionados, esa criollada limeña que prefiere ir corriendo a pasarle la voz al mal conductor para salvarlo de una sanción por su error y que en el camino insulta de diversas formas a otro servidor público que está cumpliendo con su trabajo o los comentarios de “pobrecitos, no tienen dónde vivir” en un absurdo intento de justificar a las personas que quieren lotizar un espacio que es considerado patrimonio cultural. Como dije; malas costumbres del pobre, porque la desesperación de muchos cuesta y atropella los derechos de otros.



Además, si vamos a hablar de criolladas peruanas no puede faltar el tema sobre el gran negocio de los comedores. Las personas encargadas de recibir la ayuda que brinda el estado, legalmente, son consideradas personas en pobreza extrema, sin embargo, viven en casas de 4 o 5 pisos y por supuesto que toda su familia está inscrita al comedor para recibir el plato gratis que se brinda hasta los 18 años, pero si sustentas que sigues siendo persona en pobreza extrema se mantiene. En el distrito de Comas hay más comedores de los que debería para toda la cantidad de personas en pobreza extrema; si ese no es descarado robo entonces la verdad, no sé que es. El vaso de leche; la misma historia. La educación; gratuita. Asentamientos humanos que muchas veces inician con una invasión en lugares de riesgo que a la larga es un costo adicional para el gobierno. Ser pobre no debería de justificar nada, ni ser un permiso social para permitir ciertas malas costumbres. Se deberían de dar más oportunidades laborales, concientizar sobre este tema e incentivar a la educación, y debería de haber un persona que sí regule aquellos pequeños negocios que surgen de la viveza peruana.


No estoy de acuerdo con muchas cosas, pero también sé que muchas personas pasan por una situación difícil y los actos de amor deben de estar presentes siempre. Sin embargo, incomoda mucho ver día a día la resignación de un peruano mediocre que se justifica diciendo: “nací pobre”. Ser pobre no es una etiqueta o un sinónimo para fracasar en la vida y no, no es que existen diferentes tipos de felicidad; eso es conformismo. No seamos conformistas ni temerosos del esfuerzo que requiere el éxito. No seamos una cifra que desalienta.


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