Figuras repetidas


Imagen (Radio Nacional)


El peor proceso electoral, en lo que va el siglo, parece haber llegado a su fin. Los datos arrojados por la ONPE dan a Pedro Castillo, candidato por Perú Libre, como el ganador definitivo de la segunda vuelta electoral y se espera que tanto la candidata opositora, Keiko Fujimori por Fuerza Popular, y la ciudadanía acepten los resultados del organismo electoral.


Es más que evidente que esto será imposible. Desde la revelación del flash electoral ambos candidatos dieron indicios de no estar conformes con los resultados. Castillo, por un lado, pidió a sus seguidores ser vigilantes con los votos. Keiko, por otro lado, tras la revelación del conteo final de IPSOS y el conteo de la ONPE, dijo que habrían señales de fraude electoral.


En su intento por quedarse con el ansiado sillón presidencial, los candidatos finalistas azuzan a la población generando odio y resentimiento hacia el bando contrario. Estas elecciones fueron polarizantes,el proceso de reconciliación nacional del que se hablaba se frenó drásticamente y, sea cual sea el resultado final, las heridas son muy profundas.


Vale hacerse la pregunta ¿Valió la pena? Defender a capa y espada a Castillo o Fujimori resulta un despropósito. Ninguno representa una especie de salvación del país; ambos son figuras repetidas en un álbum que ya nadie quiere completar.


Pedro Castillo resulta tener muchos símiles con el Alberto Fujimori que postuló a la presidencia en 1990: el candidato anti establishment que sale del pueblo, apoyado por las izquierdas y promete un verdadero cambio. Keiko Fujimori es la misma de siempre: la niña caprichosa que hará lo necesario por hacer lo que quiere a costa del beneficio de los demás.


Castillo y Fujimori, improvisación e impunidad resultan como lo peor que la política peruana puede ofrecer a su ciudadanía. Pero, la peor parte es que la misma sociedad cayó en el juego que los finalistas propusieron y, de ahí, parece no haber vuelta atrás.



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